LLUVIA DE FLORES
febrero 23, 2012
Caen jacarandas y otras flores en amate canvas 20 x 25 cm
septiembre 8, 2010
jacarandas caen y otras flores, oleos
agosto 21, 2010
jacarandas caen y otras flores, imagenes alteradas
agosto 16, 2010
jacarandas caen y otras flores
agosto 10, 2010
JACARANDAS CAEN Y OTRAS FLORES pinturas de Jocelyne Marmottan
Hay paisajes y paisajes. Unos son los que vemos sin mediación de nada, con los ojos sobre la realidad, y que si los recordamos es porque algo en ellos –una asociación, un particular equilibrio o disonancia en sus elementos, tiró de nuestra percepción para llevarla hacia adentro, donde quizás quedó ligada a un núcleo de sentimiento: el paisaje que vemos puede conmovernos de distintas formas, a veces no sabemos porqué.
Otros son los paisajes que nos da el arte, donde ese estímulo primario ha sido elegido, mediado, interpretado y potenciado –y también, por supuesto, fijado en una obra concreta– por el artista.
El paisaje que nos ofrece una fotografía, un cuadro, o un párrafo tiene a su disposición la variedad de recursos de su particular expresión para tomar nuestros sentidos, pero retoma también la visión original que provoca por su propia naturaleza una reacción compleja en el admirador: ese algo que hace aletear de nuevo el asombro y que quizás en los paisajes tiene simplemente un vínculo más directo con la realidad reconocible, pero que se extiende a cualquier obra de arte y tema: la recreación de un estímulo que permanece vivo en la obra y contagia de su palpitación al espectador.
Al ver por primera vez las imágenes de la serie Jacarandas caen y otras flores, de Jocelyne Marmottan, me impacta reconocer justamente aquello que en el familiar paisaje primaveral del tapiz de flores –atisbado a veces, contemplado largamente otras, inquieta, asombra, y domina. La serie Caen jacarandas… cautiva entera esa sensación de desconcierto ante la profusión de flores que en la naturaleza nos obliga a detenernos y considerar de alguna forma ese derroche de optimismo absurdo que sin embargo nos llega a la médula. La intensidad de las flores malvas con su contorno de curvas delicadas, luminosas como bombillas sobre el pavimento cálido de barro, levanta en (nombre del cuadro) un primer plano como de sueño. En un contraste que juega con la percepción de formas múltiples, la sombra de la copa desnuda del árbol se proyecta sobre el patrón de curvas que siguen las baldosas, imitando las escamas de un pez. El impacto es más sutil pero igualmente potente en las piezas donde la forma se ha abstraído casi completamente y queda el sólo el color y la sensación de movimiento ligero de las flores casi secas, o el peso húmedo de las recién caídas y sus planos de sombras y reflejos.
El juego de árbol de sombra y flores caídas se desdobla sin agotarse en una obra que acomete el tema a través de una variedad de técnicas que incluyen fotografía y pintura y sus encuentros experimentales—imágenes alteradas digitalmente, impresas en lienzo y vueltas a pintar. En algunos casos la trama se complica con la añadidura de las dimensiones del cielo y el entorno reflejado en charcos, en otros la superficie en la que reposan las flores se ha transformado y los colores, con un desafío que no es distinto al del árbol que prodiga esas flores fantásticas, se vuelven rojos líquidos, amarillos reverberantes o plata solarizada. Hay aquí un registro cuidadoso del acotado paisaje de las flores que rinde un concentrado de raíces oníricas, alucinantes, hiperreales, casi abstractas. Esta sustancia se decanta felizmente en la obra: la versatilidad con que traspasa los límites de una u otra técnica es muestra patente de un impulso original que llega con toda su fuerza al contemplador—y no tiene que ser primavera.
Maria Vinos Junio 2010













































































